La importancia de la caficultura en el orden social se basa en la generación de empleo, directo e indirecto, para 105.000 familias de productores; así como, para varios miles de familias adicionales vinculadas a la comercialización, industrialización, transporte y exportación.
En el orden ecológico, la importancia de la actividad cafetalera se relaciona con la amplia adaptabilidad de los cafetales a los distintos agro ecosistemas de las cuatro regiones del país: Costa, Sierra, Amazonía e Islas Galápagos. Los cafetales, en su mayor parte, están cultivados bajo árboles de alto valor ecológico y económico, en diversos arreglos agroforestales, que constituyen un hábitat apropiado para muchas especies de la fauna y flora nativas. Además, las tecnologías de producción cafetalera, no involucran una alta dependencia de agroquímicos.
En el ámbito productivo, la caficultura ecuatoriana se caracteriza por la prevalencia de cafetales viejos, el inapropiado manejo agronómico de las plantaciones, la presencia plagas, enfermedades y malezas, el deficiente tratamiento post-cosecha, la deficiente calidad del grano de exportación, la débil organización de los productores y los bajos precios pagados al productor.
Los cafetales viejos, con edades que oscilan de 15 a 80 años, en la actualidad, prácticamente son improductivos. Estas plantaciones tienen que ser renovadas usando semilla de variedades mejoradas y tecnología apropiada. Las plantaciones con edades menores de 15 años pero mayores de ocho, de acuerdo a su estado fenológico general, pueden ser sometidos a la rehabilitación con el propósito de recuperar su capacidad productiva, a partir de la recepa, protección de los cortes, selección de los mejores brotes y la posterior aplicación de la recomendaciones técnicas de manejo.
El inapropiado manejo agronómico del cultivo se refiere a la poca o ninguna implementación de labores de cultivo como: densidad apropiada (3.000 a 4.000 plantas/ hectárea en cafetales arábigos y 1.111 plantas /hectárea en plantaciones de robusta); fertilización básica (al momento de plantar los cafetos) usando fuentes fosfatadas y abono orgánico; fertilización permanente durante toda la vida productiva del cafetal (compost al suelo, biol o caldo microbiológico al follaje), podas de los cafetos (deschuponamiento, limpieza fitosanitaria y descope de las plantas), regulación de sombra (podas de los árboles cuando hay excesiva sombra o siembra de árboles, arbustos y musáceas cuando hay una falta de sombrío), prácticas de conservación de suelos (uso de coberturas nobles o de mantillo, siembra en curvas a nivel y uso de abonos verdes).
Las plagas que afectan a la caficultura son las siguientes: broca del fruto (Hypothenemus hampei), taladrador de la ramilla (Xylosandrus morigerus), Minador de las hojas (Perileucoptera coffeella), nematodos (Meloidogyne spp.), cochinillas de las raíces (Planococcus sp.) y escamas de los brotes (Coccus viridis). Entre las principales enfermedades del cafeto, se encuentran: Roya anaranjada (Hemileia vastratrix), Mal de hilachas (Corticium koleroga), Ojo de gallo (Mycena citricolor) Mancha de hierro (Cercospora coffeicola), Mal de machete (Ceratocystis fimbriata) y viruela del cafeto (Colletotrichum gloeosporioides). Se recomienda el manejo ecológico de problemas fitosanitarios, con el propósito de favorecer el desarrollo vegetativo de los cafetos, incrementar la presencia de enemigos naturales, crear condiciones adversas para las plagas y patógenos mediante una modificación controlada del micro ambiente (podas, regulación de sombra, deshierbas y abonaduras) y el uso de insumos apropiados.
El correcto tratamiento post-cosecha se orienta a asegurar un café de buena calidad. Esta comprende la cosecha selectiva de los frutos maduros, despulpado, fermentado, lavado, secado, almacenado y transporte oportuno y con los cuidados necesarios.
La necesidad de fortalecer los gremios de productores, con el propósito de construir alternativas de desarrollo sustentable, tecnificar las plantaciones, mejorar la calidad el grano y gestionar la comercialización asociativa, se tornan en acciones prioritarias a ser implementadas para avanzar en el cumplimiento de los objetivos institucionales: Una caficultura organizada, sostenible y competitiva, que genere bienestar y equidad para los actores de la cadena cafetalera.


